Soria. El jueves al mediodía, tras ser notificado del procesamiento. Foto: Policía de San Luis.

Miguel Ángel Soria fue procesado por cinco casos de estafa, aunque ya acumuló otras cinco denuncias.

Para defenderse buscó la excusa más sencilla. Dijo que la culpa de que lo denunciaran por estafa fue de sus empleados, que asesoraron mal a los clientes que querían comprar un auto en cuotas, también que en ocasiones se quedaron con dinero que no les correspondía y hasta que les llenaron la cabeza a algunos denunciantes para que fueran contra él en la Justicia. Pero hubo un pretexto que sobresalió por sobre el resto. Miguel Ángel Soria dijo: “Oriente Automotores está consagrado a Dios, motivo por el cual no nos está permitido ni estafar ni cosas raras”. Para su pesar, el juez Penal Alfredo Cuello no le creyó una palabra, lo procesó por el delito de estafas reiteradas en cinco hechos y lo envió a la cárcel.

A Soria, de 51 años, comenzaron a investigarlo el viernes 4 de agosto, cuando la primera víctima acudió a la Comisaría 8ª de Villa Mercedes a denunciar que el presunto gestor se había quedado con su dinero sin darle el auto que le había prometido. Un día después, la Seccional 40ª de la misma ciudad le tomó otra exposición a una víctima de Buena Esperanza.

Y ése fue solo el principio, porque en el transcurso de los días el imputado sumó otras tres acusaciones, llegando así a los cinco casos por los que fue procesado ahora. Pero continuaron acumulándose denuncias de personas que se fueron enterando por los medios que Soria estaba detenido. “Como se ha visto, conforme la modalidad delictiva desplegada por el prevenido, es probable la aparición de nuevas víctimas, a lo mejor demoradas todavía para hacer la denuncia”, refirió Cuello en el procesamiento que firmó ayer.

Por eso, argumentó el magistrado, optó por enviarlo a prisión a pesar de que el delito que le imputan es excarcelable. También, por “las características de las maniobras defraudatorias” y porque, de quedar libre, podría eludir a la Justicia o “entorpecer las investigaciones que recién se inician”.

Según surge del expediente, Soria comenzó con la maniobras fraudulentas a mediados de mayo, cuando se contactó con dos vendedores de planes de ahorro para que trabajaran con él en la oficina que abrió en junio, en 25 de Mayo 1207 de Villa Mercedes.

Ante Cuello declaró que está inscripto en la AFIP bajo el rubro automotor desde 2013, cuando comenzó con la empresa que luego abandonó unos años. “Empecé de nuevo hace unos meses y el espíritu de la empresa «Oriente Automotores Multimarca» es la entrega de vehículos mediante un sistema de condiciones generales, donde, a partir del sexto anticipo, el cliente puede hacer una propuesta económica por alguna carta-documento o telegrama”, para acceder al vehículo que había elegido.

Pero sucedió que no les comunicó esos puntos como debía a sus vendedores y mucho menos a los clientes, que nunca supieron que las dos supuestas primeras cuotas correspondían a sus “honorarios” y gastos administrativos, dinero que admitió haber gastado en sueldos, alquiler e impuestos, pero que dijo estar dispuesto a devolver con préstamos de su familia.

Con un ardid que además de la oficina incluía folletería, factureros, contratos con membrete de la empresa y supuestos vínculos con concesionarias de Río Curto, Córdoba, Soria logró que Aníbal Emanuel, Ricardo Martín Komorovski, Antonia Beatriz Méndez, Domingo Antonio Amitrano y José Pantaleón Ysaguirre le entregaran sumas que van de los 23.800 hasta 40 mil pesos, por vehículos que nunca vieron.

Los casos de Ana María Arrascaeta, Héctor Gaspar Arias, Oscar Rubén y Manuel Magallán, Pedro Juan Manquez, cuyas denuncias no se anexaron en esta causa, son muy similares.

Nunca entregó un auto

Mientras más planes vendía su agencia, más clientes descontentos había en la puerta de su oficina en Villa Mercedes, que cerró a fines de julio porque el dueño del local le pidió que se fuera para no tener problemas. Pero, convencido de que su empresa acercaba a la gente a su sueño del cero kilómetro, pretendía abrir una nueva oficina en la capital puntana, donde fue detenido el lunes 7 de agosto, cuando había solo dos denuncias en su contra.

Dos días después se abstuvo de declarar, pero pidió hacerlo este martes, a poco de que venciera la prórroga de la detención que solicitó su abogado. Además de echarles la culpa a dos empleados, admitió que, con tan poco tiempo en actividad, era imposible que hubiera entregado un auto, y que si los clientes están enojados es porque no entendieron cómo era el sistema de pago que les proponía y dejaron de abonar las cuotas por decisión propia.

Para Cuello, “más allá de las justificaciones con las que intenta el encartado despegarse de una posible conducta delictiva, adjudicando culpas, en definitiva, a la falta de pago de lo pactado por parte de los ingenuos compradores, sí advierto, y está probado, que nunca entregó un auto, se haya pagado poco o mucho por él”. Y que si los denunciantes dejaron de pagar fue “porque lo prometido no era cumplido”.

Fuente: El Diario