Cada año, la música, las ofertas y el humo de las comidas típicas se mezclan con las plegarias y los pasos de miles de promesantes frente al cerro del santuario.

 

En la mañana otoñal del martes, Fermín García es el único de los puesteros que riega la tierra, a pocos metros de la Avenida 25 de Mayo. Llegó de Villa Mercedes el viernes a la tarde. “Hace doce años que venimos. Para nosotros, y más que somos puntanos, es algo sagrado venir a esta fiesta”, contó el dueño del negocio de talabartería que atiende con su nieto.

Más adelante, por la calle principal de la Villa, también hay otro comercio con artículos de campo. Se destaca entre los colores y la peregrinación. “Todos los años nos hacemos presentes en el mismo lugar y la gente ya nos conoce”, señaló orgulloso René Caro. Vino el 28 con su familia y ofrecen productos elaborados en Ojo del Agua, Santiago del Estero.

“Tratamos de tener buen precio para que la gente pueda comprar”, agregó.

En otro sector de la calle, Juan Carlos Príncipe grita que vende a precio de costo. Brinda productos de ferretería, electrónica y bazar. “Llegamos la semana pasada. Noto a la fiesta mucho mejor que el año pasado, más positiva, más compradora”, dijo el comerciante oriundo de Buenos Aires. “Esta esquina está bendecida porque venimos hace 25 años, empezó de a poquito y se fue alargando”, expresó.

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Fuente: ANSL